Recuerdos: ayudadme a sentir la Semana Santa

@Ana María Jiménez Gómez

Ana María Jiménez Gómez Recordadme ojos los colores brillantes de las túnicas, de los mantos y los detalles, de los más grandes a los más pequeños, que cada cofradía luce en su gran día. Lágrimas como gotas del cielo que dan la noticia: este año nos quedamos en el templo. Pero si salimos mirad cómo los palios, las bocinas y las sonrisas de los que esperan a las puertas cada Domingo de Ramos, brillan con el sol esperado y deseado de la Semana Santa. El camino de claveles, rosas o lirios a en los pies y manos de Cristo y su Madre, siempre acompañados de su Málaga cirinea que alivia el peso de la Cruz. Hasta los Santos bajan a Calle Larios para ver mejor la procesión.

Recuérdame nariz el incienso tras cada esquina, desde el comienzo al fin de la salida. Las ramas de olivo y las palmas que llevan los más pequeños desprenden aroma a ilusión. El perfume de las flores de la primavera anuncia que la Pascua está cerca y todo lo que lleva a ella, el camino del Amor. Olor a campero y patata asada en las calles abarrotadas de creyentes y cofrades que se visten de etiqueta o de mantilla para la ocasión.

Recordadme oídos los primeros toques de campana que anuncian el comienzo con Pollinica y el final con el Resucitado. Los sonidos de las cornetas y tambores que ponen palabras sin letras a cada pasaje. Las voces de La Legión durante el Jueves Santo o los himnos de cada hermandad: cada cual tiene una canción con la que rezar. Las marchas procesionales, para las que tanto se ha ensayado durante el año, se acompañan del instrumento que es la ciudad. ¡Guapo! ¡Guapa! le gritan a toda voz.

Recuérdame boca los sabores de bocadillos apresurados que una madre le da a su pequeño nazareno en mitad del cortejo. El azúcar de las torrijas, que forman parte estricta de la tradición, te sientes en la Tribuna Oficial o en “la Tribuna de los Pobres” para ver la procesión. El pan y el vino de la Última Cena, haciéndose vivo en la Eucaristía: sabor a  Vida Eterna.

Recordadme manos el tacto de las túnicas de raso o terciopelo. Sentid la fuerza con la que apretabais el fajín del hombre de trono minutos antes de cargar en sus hombros al Señor  o a la Virgen durante horas. Guantes blancos para no quemarse con la vela que poco apoco derrama su cera sobre las bolas de aluminio de los niños. Apretones de mano, palmadas en la espalda y abrazos sin miedo a contagios.

Recuerdos: ayudadme a sentir lo que es la Pasión, la Muerte y la Resurrección. Semana Santa de Málaga en años anteriores: donde dolían los pies y no el corazón.