Un grito por la libertad de amar

(Mar Bassa-Estudiante de Periodismo en la UMA) La libertad, el amor y la igualdad son tres pilares fundamentales de la sociedad que conocemos hoy en día, aunque para eso se necesita un cuarta actitud que, por desgracia, no está muy presente: la tolerancia. Parece mentira que en 2020 sea utópico vivir libres e iguales, por eso hay que luchar para reivindicar y conseguirlo.

Es el caso de Melody Mejías y Alejandra Álvarez, dos jóvenes de 18 y 20 años, respectivamente, que han querido aportar su granito de arena para vivir en un mundo mejor. Han lanzado un vídeo en YouTube para dar visibilidad al colectivo LGTBI, que cuenta con más de 300 reproducciones, pero tiene un trasfondo más humano.

“He hecho esto por todos aquellos que lo necesiten, quería dar un abrazo a toda la gente que pasa por eso, con que a una le llegue, me siento feliz”, explica Melody. Siempre ha sido muy protectora de su privacidad, pero vio el momento de dar la cara y preparar algo grande. El desencadenante fue el vídeo donde Pablo Alborán contaba que es homosexual. Quiso ayudar a la gente porque también sabe lo que se siente al “dar ese paso” y contarlo, aunque no debería ocurrir, no habría que hacer nada público, simplemente ser.

A este proyecto se han sumado 120 personas de diferentes ciudades y países, como España, Portugal, Estados Unidos o Argentina. “La idea no estaba muy definida, pero quería que sirviera para algo”, cuenta Alejandra cuando Melody se puso en contacto con ella. Y al hacer pública esa ocurrencia, se sumó más gente de la que imaginaban.

Aunque nadaban entre el misterio e iban regalando pistas a través de las redes sociales: “Quería que fuera una sorpresa”, confiesa la joven de 18 años. A medida que se acercaba la fecha de lanzamiento, subían unos mensajes relacionados con lo que estaba por venir. Además, la asociación Pasaje Begoña también ha formado parte para recordar y luchar por el colectivo, sus orígenes y su futuro.

Un proceso lento y complejo

A fuego lento es como mejor sale todo. Esta iniciativa ha tardado cuatro meses en ver la luz. Primero, se pasaron una noche entera hablando por videollamada y compartiendo las frases de todas las canciones de la discografía de Alborán para extraer las que podrían ser útiles y formar un mensaje claro y sentido. No querían que fuera un rompecabezas, y tardaron un tiempo más en ordenarlas todas. Ambas admiten que fue muy difícil.

El siguiente paso fue cerrar el cupo de participantes para poder hacer el reparto tanto de frases como de palabras. Además, una de ellas, María, integradora social, contactó con la asociación porque la idea era, aparte del mensaje, ayudar a una entidad. Pasaje Begoña, encantada con el proyecto, se implicó y compartió varias ilustraciones e ideas para su uso.

Alejandra es la encargada de la edición y de todo el montaje del vídeo. Se descargó todos los vídeos que le mandaron por correo para “no perder calidad” y trabajó con ellos en Premier, clasificándolos en carpetas diferentes como “estrofas”. También hubo contratiempos, como eliminar algunos al fallar el programa, o caerse al no soportar tanto peso.

“Nuestra intención es que fuera dinámico, por eso no salen de una en una las personas, así no es aburrido”, cuenta la joven de 20 años. En su cabeza iba tomando todo forma, como un genio que no puede dejar de crear. No veía que el inicio fueran las frases y visualizó el resultado final: una mano escribiendo en la libreta.

El vídeo narra una historia. Las barras que se ven en la imagen del principio hacen el efecto de opresión, pero a medida que se van diciendo las palabras, estas van desapareciendo: “Las barras suben y la persona se está liberando”, argumenta Alejandra. Melody añade que es como “contar una historia de alguien que se siente pequeño, mal, encerrado, y luego se deshace de las cadenas”. Además, tiene un efecto difuminado para transmitir más dramatismo.

Las letras del colectivo, “LGTBI”, se pueden leer gracias a la composición de las caras de los participantes. De fondo, las ilustraciones cedidas por la asociación Pasaje Begoña, también idea de Alejandra y que le llevó su tiempo. Por otro lado, el vídeo cuenta con subtítulos en inglés, hechos por una traductora que también participa.

Melody agradece la implicación de todas las personas: “Tienen un corazón enorme, sin estas personas, este proyecto no tendría sentido”. Alejandra añade que se siente reconfortada al recibir tantas felicitaciones por su trabajo, pero que es mérito de todos.

Pablo Alborán es inspiración

Alejandra confiesa que se adentró en el mundo audiovisual gracias al malagueño: “Empecé a seguir a Pablo y vi la importancia que le daba al equipo”. De hecho, se lo contó en una entrevista en la radio. Desde entonces, edita y monta vídeos en los que se supera y crece profesionalmente hasta llegar a este, su reto más complicado.

Melody lleva una década siguiendo a Pablo Alborán y lo considera como un amigo: “Tenemos que ayudarnos entre nosotros. Quería que me sintiera ahí como una amiga, arropando de una forma solidaria y me sintiera cerca”. Él es una persona, como tú, como ellas, como yo, no debemos olvidar que no es un personaje público hecho de cartón, también siente.

“No lo he hecho como una fan, sino como una amiga, aunque no lo sea. Ojalá un día pueda sentarme con él y explicárselo”, dice Melody. Su impulso fue que los medios de comunicación hacían noticia de algo que nunca lo debió ser porque todos somos personas, y ella se contenta con que esto ayude a quien lo necesite, sea ese abrazo que no encuentran.

Aún queda mucho camino por recorrer. Esta es una pequeña aportación de 120 personas —del colectivo o no— unidas contra la intolerancia, la desigualdad y la opresión, que sirve de aliento de fuerza a quien lo esté pasando mal. Sigamos avanzando. Ya no tenemos miedo.