“No sabemos cómo saldrán los exámenes de ‘Selectividad’ pero lo que sí nos ha dado este curso es un master en vivencias de incertidumbre y capacidad de adaptación”

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Alumnos malagueños de Segundo de Bachillerato apuran las horas previas al inicio de los exámenes de la PAU con “nervios, estrés y preocupación” por el nuevo escenario en el que se va a decidir gran parte de su futuro en el año académico más atípico de la historia reciente de la Educación, marcado por la suspensión de la actividad lectiva presencial por la emergencia sanitaria del COVID19

Mascarillas, geles hidroalcohólicos, distancias de seguridad y un formato inédito en la historia de la prueba que evalúa los conocimientos adquiridos en la etapa de Enseñanzas Postobligatorias marcarán tres tensas jornadas de evaluación que miles de estudiantes de la provincia han tenido que preparar desde casa, en formato ‘on line’ y en un ambiente de continuo cambio

(Departamento Comunicación Colegio El Pinar) “Duermo poco, llevo semanas sin pisar la calle y prácticamente sólo salgo de la habitación para el desayuno, la comida y la cena. Aunque lo estoy dando todo,  no sé cómo van a salir los exámenes. Eso nadie lo puede asegurar ahora mismo; pero lo que sí te puedo decir es que en este curso ya me he sacado un master en gestión de estrés y superación de incertidumbre. Convivimos con ella desde finales de marzo. Pase lo que pase, creo que la Matrícula de Honor en capacidad de adaptación no hay quien nos la quite”. Son las palabras de Alejandro Coman, estudiante del Segundo Curso del Bachillerato Tecnológico del Colegio El Pinar de Alhaurín de la Torre, un sentir que comparte con otros tres de sus compañeros de curso, Martina Ajuelos -Bachillerato de Ciencias Sociales-, Senna Pineda -Ciencias de la Salud- y Marta Antón -también Ciencias Sociales-.

Estos cuatro alumnos, que en el año más determinante de su itinerario académico en Enseñanzas Medias han vivido la situación más inédita que ha experimentado la humanidad en el último siglo -suspensión de clases, emergencia sanitaria, confinamiento, restricción de movimientos, crisis económica y social- se enfrentan ahora a una Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) completamente atípica en la que a las preocupaciones habituales del folio en blanco, el miedo al fallo o la apremiante escasez de tiempo para desarrollar los conocimientos, deberán sumar la tensión por las medidas de prevención sanitarias que van a encontrar en su escenario de trabajo -en su caso, Aulario Peñalver de la UMA- en forma de ubicación, mascarillas, geles desinfectantes, distancias de seguridad y hasta, si la meteorología no cambia, una ola de calor que hará aún más complicado el ambiente en el recinto.

MASCARILLA Y CALOR

“Mi obsesión estos días es entrar en el aulario, con la mascarilla y toda la parafernalia, sentarme en mi sitio, leer las preguntas del examen, que me surja alguna duda y no poder hacerme entender con la boca tapada o tocarla como no se debe cuando tenga que moverla”, explica Martina, quien no oculta, entre risas y nervios, que hasta ha tenido pesadillas con ello.

Alejandro Coman tiene una sensación parecida. Lo que hasta hace un mes a penas alcanzaba la consideración de anécdota, en los días y horas previas al inicio de las pruebas se convierte en una preocupación añadida acrecentada por la tensión del bombardeo informativo constante sobre la actualidad del COVID19 y sus rebrotes. El joven, en cualquier caso, se esfuerza por dejarla a un lado y centrarse en los últimos repasos al temario y en la confianza de saberse “preparado porque pese a las circunstancias tan adversas que hemos vivido, a la suspensión de las clases ‘normales’ y todo lo que ello conlleva, los profesores han estado siempre a nuestro lado, el cole ha puesto en marcha el formato ‘on line’ desde el minuto 0, nos hemos adaptado y hasta puede que hayamos aprovechado más el tiempo porque hemos cubierto absolutamente todo el temario y aún nos ha dado para repasar durante todo el mes de junio”.

El sentir de Marta Antón es el mismo. Esta joven malagueña, que aspira a sacar nota para acceder a los estudios superiores del doble grado en Administración y Dirección de Empresas con Derecho en Málaga o Granada -depende del resultado final-, para los que no oculta que necesita realizar un buen papel en la PAU, vive estos días con sentimientos ambivalentes en los que los momentos de preocupación se alternan con los de confianza y seguridad. “Creo que hemos trabajado de manera correcta todo el año pese a las circunstancias tan raras y cambiantes y toda la confusión que venía desde las administraciones educativas, aunque es difícil sacarse de la cabeza todo el bombardeo informativo del COVID19 y esa preocupación se ha convertido en una fuente de tensión más, unida a la imposibilidad de hacer una vida normal. No poder salir, quedar con los compañeros, intercambiar impresiones en persona. Todo el día ordenador y pantalla, pantalla y ordenador. Suerte que los profesores han estado ahí y ahí siguen dándonos ánimo y transmitiéndonos tranquilidad”, explica la alumna.

Los últimos días preparatorios son también duros para Senna Pineda, quien a la presión por los exámenes PAU une el estrés añadido de una prueba específica de idioma que debe superar para acceder a los estudios elegidos en una Universidad europea que le pide una serie de requisitos ‘extra’. “Mis jornadas son largas. Levantarse a las 8, desayuno rápido y al cuarto. Cada dos horas un poco de descanso para luego seguir hasta la hora de comer. Algo de reposo después. A las cinco, vuelta a encerrarse y hasta la noche. Cenas y a seguir mientras el cuerpo aguante”, precisa Pineda, quien confía en obtener un buen resultado y, sobre todo, reza para que en el aulario que le ha tocado en suerte cuente con algo de climatización “porque con las mascarillas, los nervios y los 40 grados, como no haya aire… en fin, mejor no pensarlo”.

Los cuatro estudiantes malagueños, cuya nota media acumulada en Bachillerato es óptima, han echado el resto este fin de semana y cuentan las horas para que se abra la puerta del Aulario Peñalver. El agotamiento se solapa con las expectativas y las tensiones acumuladas por la pandemia en un año lectivo que no olvidarán nunca. Son conscientes de que todo esto lo leerán las próximas generaciones en el temario de Historia, la misma asignatura en la que esperan ser agraciados con un tema de los que han aprendido bien estos meses. Saben que la suerte está echada. “Hemos hecho lo humanamente posible. A ver qué tal ahora”, apostilla Coman. Cierra Martina con un deseo: “Lo que queremos es que llegue ya el momento para demostrar lo que sabemos y que pase cuanto antes. Eso sí, cuando llegue el viernes, cierro el portátil y los apuntes y no quiero saber nada de temas, chats, meets ni libros hasta octubre”.