Mónica Naranjo se convierte en una pantera en libertad que desata a Málaga

(Redacción: Alba Rosado / Fotografía: Fran Serrano) Una pantera en libertad arrasa con todo lo que puede en Málaga. Es libre, de salto elegante y pelaje brillante, como si de lentejuelas estuviese cubierta. De mirada penetrante, de esas que marcan y llegan al trasfondo del corazón. Así, así era la pantera que rugió para hacer aullar a aquellos que estaban a su alrededor en la oscuridad locos por cazarla. No a ella, para colgarla en las paredes de casa entre otros mamíferos disecados, sino a su rugido, a su bramido, a aquello que hizo reunirlos allí a todos, a su voz.

El silencio se hace. Todos tienen a su presa delante. Las diez y ocho minutos de la
noche. En la oscuridad, un hilo de luz aparece señalando a un punto en concreto. Los
casi 7000 cazadores guardan sus armas, esos smartphones que apuntaban a su objetivo
con una luz que la pantera no llega a percibir desde el fondo pese a lo que le gusta el
brillo en la oscuridad. ¿La razón de esta retirada? Ella. Mónica Naranjo. Deja a todos los
presentes perplejos como cuando el rey de la selva camina ante el resto de animales
que le rinden honores a su paso. -No puede ser que brille tanto, pasen los años que
pasen su presencia escénica sigue siendo igual de potente-se escucha entre el público.

Naranjo reluce en un escenario amplio, en forma de ‘T’. El hilo de luz la sigue. Ella,
enfundada en un albornoz sedoso como la túnica de un ángel, y descalza, se dirige
hacia los allí presentes, con elegancia, una sonrisa en la cara y un caminar de pequeño
vestigio de fiera salvaje. Nadie se imagina cómo arrancará para dejar a todos tendidos
en el suelo. Las expectativas del concierto están muy altas.

Tras un pequeño discurso dedicado a sus orígenes -“los lazos que nos unen vienen
siempre de la música, por eso hoy voy a cometer un sacrilegio. Desde esta catalana
rancia de padre malagueño y madre sevillana, María de la O para todos vosotros.”- la
pantera, que parece de momento tranquila y sosegada, se ha convertido en una
auténtica bestia en el primer quejío de la copla. “Una vez cometido el sacrilegio, ahora
solo rock”. Y se marcha, se marcha como si no hubiese pasado nada. dejando todo el
estadio Martín Carpena patas arriba, con unos cazadores boquiabiertos ante lo que se
les venía encima. No era un gatito cualquiera, era una pantera salvaje dispuesta a rugir
largo y tendido.

El escenario empieza a iluminarse, hay asientos, unos sesenta. Parece que la bestia no viene sola. Se ha traído a toda la manada. Llega la orquesta, dividida en un coro, un
grupo de metaleros y un grupo de instrumentos clásicos que acaban creando un
ambiente digno de película. Un ambiente oscuro, tenebroso. Unos arreglos musicales
dignos de premiar. Solo una diva como ella y su voz podrían permitirse tal espectáculo.

El amor coloca, Desátame y Pantera en Libertad son recibidas por el público con ansia.
En esta última, la artista, que durante todo el concierto lanzará mensajes referidos a la
diversidad. grita: “Chicos, chicas y chiques, vamos a rugir todos como panteras en
libertad”. Los cazadores se dieron cuenta que tenían que unirse a ella. De nada servía
estar en el otro bando, así que literalmente toda la zona de pista se acerca a la pasarela
para entonar Sobreviviré, probablemente la canción más esperada. Un mono de color
rosado, de brillo, con una capa, la hacen destacar aún más, aunque el atuendo se queda
en un segundo plano con esos graves perfectos y agudos infinitos.

Después de este clásico, la catalana pregunta desplazando su mirada hacia un lateral de
la pasarela: “¿Se lo vas a pedir ya?”.Una luz ilumina la primera fila, dos chicas roban el
protagonismo por un momento a la cantante cuando esta le cede el micrófono a una de
ellas: “Gracias por esta oportunidad Mónica, es que le quiero pedir que se case conmigo
a mi chica”. La respuesta fue un “sí quiero” y las ganas de celebrar del público y la artista
ya tenían una razón. Seguía la fiesta.

La cantante vuelve a elegir las lentejuelas doradas y beige para entonar Europa, abre la
tercera etapa del concierto. La voz de Naranjo sigue como el primer minuto del evento.
Ni un fallo en la ejecución y una energía típica de una cantante de veinte años y no de
una que lleva veinticinco en la música. Puro poder. La catalana es capaz de hacer un
speech repleto de bromas y risas para posteriormente ponerse. según ella, en el papel
de “seria y divaca”.

Enfundada en un mono blanco con apliques de piedras brillantes y plateadas la artista
habla sobre el amor, que para ella es lo más importante de la vida. Pese a las luces rojas
y amarillas que creaban un ambiente algo duro en el escenario su voz y su atuendo
desprendían paz capaz de arreglar cualquier conflicto. Es cuando la artista entona Doble
corazón sentada en la escalera central del escenario aportando cercanía. Cantando de tú
a tú.

Se despide. Se marchan. Ella y sus sesenta secuaces, incluido el director de orquesta,
Pepe, cuyo nombre fue coreado infinitas veces por el trabajo impecable que estaba
realizando. Vuelven, vuelven viendo miles de estrellas. en la oscuridad. Los cazadores,
que saben que la pantera se queda perpleja ante cualquier luz en la completa oscuridad
deciden sacar sus armas. Un cielo de flashes dejan sin palabras a la fiera. “Veo esto y es
que siempre me quedo sin palabras, Somos polvo de estrellas”.

Se despide. Se marchan. Ella y sus sesenta secuaces, incluido el director de orquesta,Pepe, cuyo nombre fue coreado infinitas veces por el trabajo impecable que estaba realizando. Vuelven, vuelven viendo miles de estrellas. en la oscuridad. Los cazadores, que saben que la pantera se queda perpleja ante cualquier luz en la completa oscuridad deciden sacar sus armas. Un cielo de flashes dejan sin palabras a la fiera. “Veo esto y es que siempre me quedo sin palabras, Somos polvo de estrellas”.

Muchos se han marchado, queda una familia que se une para cantar Tú y yo volvemos al
amor y para homenajear a Camilo Sesto, uno de los grandes de la música española,
coreando Vivir así es morir de amor con la artista, que emocionada, lanza un beso al cielo
cuando en las pantallas reluce una imagen del artista entre unas alas blancas.

Y eligiendo las lentejuelas plateadas y blancas en otro mono, esta vez con unas figuras
triangulares en la zona del escote, donde se combinan blanco gris y negro, la artista
cierra el concierto como si de una fiesta del orgullo se tratara. “Esta canción me la piden
hasta los periodistas en las ruedas de prensa. Y yo alucino. Es que es muy marica, y por
eso me encanta. Si yo al final soy la más marica del estadio. Las campanas del amor”.
Además, la artista remarca en esta parte final que “teníamos que usar el arte para poder
reivindicar el sitio de cada uno. Allí donde queramos vivir y donde queramos amar”, es
por eso que os presento Libre amar.

En el estruendo del aplauso potente, de los gritos de sus seguidores, la pantera, que ha
mostrado quién manda en el reino animal durante dos horas de concierto, se marcha
corriendo disfrutando de su libertad cuando la luz se hace en el Carpena y los cazadores
sueñan con volver a cruzarse con ella ya que la pantera les ha dado una de las mayores
lecciones de su vida; pese a que la sociedad nos obligue a ser oscuros, discretos e
incluso rutinarios todos tenemos un lado llamativo, reivindicativo y brillante.

 

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