Los “Moraos” de Alhaurín el Grande estuvieron presentes en la beatificación del Padre Arnaiz

Padre Arnaiz. Moraos Alhaurín el Grande.

(Comunicación Hermandad Nuestro Padre Jesús Nazareno) El Padre Jesuita Tiburcio Arnaiz, fundador de las Misioneras de las Doctrinas Rurales y conocido como el Apóstol de Málaga,  ascendió a los altares el pasado sábado 20 de octubre. Y lo hizo en el marco de una espectacular y emotiva ceremonia que conmovió a propios y extraños. La primera de este tipo que la Catedral ha acogido en su historia.

La Beatificación del Padre Arnaiz, que llenó por completo las naves del primer templo de la Diócesis, se ha convertido en un acontecimiento de primer orden para la Iglesia de Málaga que, además, presenta un significado especial y muy emocionante para nuestra Real Hermandad ya que, también por primera vez, un sacerdote que ha oficiado Misa ante la imagen de “Padre Jesús” es beatificado.

Un hecho que provocó que una amplia representación de nuestra Junta de Gobierno asistiera a la ceremonia en representación oficial de nuestra Real Hermandad, lo que hizo en el interior de la Catedral, donde fue el único colectivo acreditado de una localidad como la nuestra, a la que el Padre Arnaiz quiso especialmente. Así lo demuestran las diez ocasiones en las visitó Alhaurín el Grande entre los años 1915 y 1924. De ellas sobresalen, especialmente, las dos veces en las que, según datos facilitados por la Orden Jesuita y extraídos de los diarios del propio Arnaiz, el sacerdote acudió a nuestro glorioso mes de junio, en el que el Día de Jesús conmemora la Fiesta del Sagrado Corazón, del que Arnaiz fue Apóstol incansable.

Si en el interior del templo, cuidadosamente adornado con flores blancas y amarillas, colores vaticanos, y con una enorme talla del Sagrado Corazón de Jesús en el Altar Mayor todo pudo transcurrir según lo previsto, en el exterior, las inclemencias meteorológicas hicieron que la asistencia de personas que esperaban en las decenas de pantallas instaladas en el entorno y habilitadas también con sillas, fue menor de la esperada, reduciéndose a 8500 personas, frente a las casi 12000 previstas inicialmente.

La ceremonia duró dos horas y cinco minutos, iniciándose con el rito de Beatificación. Así, tras la petición Solemne de nuestro Obispo, Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Jesús Esteban Catalá Ibáñez, y el relato de la vida del Padre Arnaiz, por parte de la Postuladora de la Causa, Doña Silvia Correale, llegó el momento más emotivo cuando el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Su Eminencia el Cardenal D. Giovanni Angelo Becciu, leyó la carta del Papa Francisco en la que se proclama oficialmente Beato al Padre Arnaiz, cuya labor pastoral dejó tanta huella en Málaga hasta su muerte en 1926.

Mientras sonaba el “Aleluya” de Marco Frisina y las personas presentes en el templo dedicaban una atronadora ovación a Arnaiz que se confundía con el repicar de las campanas de la Catedral, se descubría un enorme lienzo del Padre Arnaiz colgado sobre el Altar Mayor.

Llegaba así al momento culmen de una ceremonia en la que junto al Cardenal Becciu concelebraron, también nuestro Obispo, el Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Monseñor Renzo Fratini, el Arzobispo de Granada, Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Javier Martínez, el Cardenal D. Fernando Sebastián y nueve Obispos y Arzobispos más, procedentes de diferentes Diócesis españolas con las que el Padre Arnaiz tuvo relación, además de por el máximo representante de la Compañía de Jesús en nuestro país, Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio España.

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